Ventana Abierta celebra mañana la decimosexta edición de su Escuela Feminista, una actividad formativa que ha permitido contar a través de los años con expertas que han analizado diferentes temáticas adaptándose a la agenda feminista, a la actualidad y a las nuevas realidades. Lucía Martínez Martínez, coordinadora de la Escuela Feminista, afirma a las puertas de una nueva edición que «nuestra Escuela Feminista es nuestro producto más mimado, nuestra actividad más querida, la que se lleva gran parte de los esfuerzos de la asociación, pero también la que nos genera muchísima satisfacción». «Creo que las mujeres que empezaron nunca hubieran pensado que fuera a durar tanto, que íbamos a ser capaces de mantenerlo durante tanto tiempo y de seguir trayendo temas que siguen interesando a las mujeres», señala.
Pregunta: Este año abordan el tema de la salud con una perspectiva de género, teniendo en cuenta que es una disciplina donde los patrones han estado enfocados hacia el hombre.
Respuesta: Al final el sistema científico en general y el sistema médico particularmente está dominado por hombres, son ellos los que han generado todo el conocimiento, son ellos los que han sentado la base de todo lo que se conoce ahora como la medicina moderna. Eran los que hacían el conocimiento y se olvidaron de una parte de la población que no estaba hecha ni a su semejanza ni en contraposición, sino que tenía unas particularidades que no han sido abordadas como deberían de haberlo sido dentro de la historia de la medicina. El sistema sanitario lo que hace un poco es olvidarse de esas particularidades y medicalizar en exceso u obviar esas experiencias de las mujeres que no están siendo vistas, que no están siendo valoradas.
P: Una actividad como esta no se mantiene sin una importante nómina de expertas y de profesionales. ¿Qué me puede decir de las mujeres que estarán este año formando parte de la Escuela Feminista?
R: Este año hemos querido volver a traer a mujeres que estuvieran dentro del mundo del feminismo para poder abordar este tema con esa perspectiva. La primera ponente viene de Granada, es Alina Danet. Es profesora universitaria en la Universidad de Granada. Es licenciada en sociología y experta en género y salud. Ella nos va a hablar un poco de esas relaciones entre profesionales y pacientes, ese recorrido histórico de cómo nos hemos relacionado las mujeres con la medicina. Creo que nos va a dar una perspectiva muy importante de cómo nos relacionamos con el sistema sanitario.
Quisimos abordar dos grandes bloques, por una parte la salud mental de las mujeres y, por otra parte, la salud gineco obstétrica. No solo para centrarnos en, en este caso, la violencia obstétrica, sino también para poder hablar de cómo se abordan las enfermedades específicas de las mujeres como puede ser la endometriosis o como se pauta la anticoncepción, los anticonceptivos hormonales. Se trata de intentar hacer un abordaje integral, poder incidir un poco en esas particularidades que creemos que no han sido abordadas desde el sistema sanitario en general.
P: Eres parte del sistema sanitario por tu trabajo, ¿llega la perspectiva de género?
R: Se notan muy poco. Sabemos que se hacen muchísimos esfuerzos por intentar que la perspectiva de género llegue al sistema sanitario. Cada vez hay más mujeres sanitarias, es un sector que está cada vez más feminizado. Sin embargo, las grandes decisiones siguen estando tomadas por hombres, con lo cual al final hay un techo de cristal permanente que hace que no calen todas esas políticas, todo lo que deberían.
La realidad es que a las mujeres se nos mentaliza muchísimo más que a los hombres, de forma general, sin particularidades concretas. Y eso es un problema de concepción, de cómo se conceptualiza la enfermedad en las mujeres y en los hombres, que se hace de manera diferente. ¿Por qué hay más mujeres diagnosticadas de unas enfermedades y hombres no, como por ejemplo puede ser la depresión, o por qué las tasas de suicidio son mayores en hombres que en mujeres? ¿Qué está pasando? En el mundo sanitario eso es muy difícil que cale. Es muy difícil porque aunque somos muchas las mujeres que trabajamos dentro del sistema sanitario, al final las cuotas de poder las siguen ostentando los hombres.
P: Saliéndonos de la edición concreta de este año. Sigue siendo vital la formación feminista.
R: Sí, nosotras creemos que es fundamental. Rosa Luxemburgo decía que sólo triunfaremos si no nos olvidamos de aprender, de seguir insistiendo en formarnos. Nosotras cuando empezamos la escuela, mis compañeras de Ventana Abierta vieron ahí un hueco porque realmente las mujeres de las zonas rurales tienen muy difícil el acceso al conocimiento feminista. Está atada a los cuidados, tiene responsabilidades, vivimos en una zona relativamente aislada y es difícil. La Escuela se pensó para eso, para acercar ese conocimiento a nuestra zona, para que fuera más fácil para todas. Pensamos realmente que aprender es fundamental para seguir desafiando al patriarcado, para seguir luchando por lo que creemos justo, que no queremos ni más ni menos que una sociedad igualitaria, ni más ni menos.
P: ¿Cómo se combate esa ola reaccionaria contra el feminismo?
R: Hay que combatirla con la formación. La única manera de combatir los discursos reaccionarios es rearmar el argumentario feminista, es seguir creyendo en que el feminismo es lo que nos va a hacer progresar, lo que va a hacer avanzar los derechos de hombres y mujeres, también de los hombres, no solo de las mujeres. Aquí los derechos que se luchan, se luchan para todo el mundo. Un ejemplo de eso fueron los permisos de paternidad y maternidad, no se piden solo permisos maternales, se piden también igualdad de los permisos de paternidad. Los discursos reaccionarios están a la orden del día, son fáciles, y en la época en la que vivimos de inmediatez digital, son mensajes cortos que escalan muy rápido. Es muy importante argumentar, seguir teniendo argumentos para rechazar, para combatir todo eso.
Y nosotras, pues sí, a veces dentro de Ventana Abierta, y yo particularmente de forma personal, pues hay días que digo: «Madre mía, ¿qué estamos haciendo? ¿Por qué no llegamos? ¿Por qué no somos capaces de convencer?». Pero luego realmente sí que convencemos, porque mira, dieciséis ediciones de la Escuela Feminista que no es poco. Seguimos haciéndolo, seguimos teniendo alumnado, se nos pregunta, oye, ¿cuándo va a ser la próxima escuela? ¿De qué va a tratar? Al final, cuando acabamos un poco desanimadas y vemos la cantidad de violencia que hay, que sigue habiendo contra las mujeres, cómo se ponen en entredicho todo lo que hacemos, cómo se juzga, nos acordamos que tenemos una Escuela, un espacio seguro, aprendemos, nos animamos y, sobre todo, salimos convencidas de que es muy necesario.
P: Una Escuela que viendo la nómina de ponentes y participantes no tiene que envidiar a nadie.
R: Sí, se ha trabajado mucho y también hemos contado con que las mujeres han colaborado muchísimo, y algunos hombres también han colaborado muchísimo, han puesto toda a su energía para venir mujeres. Pero siempre hablamos de las grandes, de Marcela Lagarde, de Nuria Varela, pero también han venido mujeres de áreas menos conocidas, que tienen una cantidad de conocimiento impresionante. El año pasado, sin ir más lejos, tuvimos a tres mujeres que nos dieron una perspectiva de la coeducación como nunca la habíamos visto. Hemos hecho debates que enfrentaban posiciones en contra y a favor del aborto, en contra y a favor de la prostitución, en contra y a favor de la ley trans. Hemos favorecido todos esos debates y siempre hemos encontrado colaboración con todas las mujeres que han participado, siempre. Nunca hemos tenido un problema.
Los primeros años de la Escuela incluso se quedaban a dormir en Pozoblanco la noche después, era una pequeña comunidad muy guay, una post jornada después de la escuela, que sigue siendo muy guay el poder conocer a todas estas mujeres más allá de su conocimiento, sino ya de forma personal.
P: En torno al movimiento feminista surgen muchas nuevas realidades y con ellas debates extenuantes. ¿Por qué cree que al movimiento feminista se le pide tanta pureza, no se le permite apenas el error ni casi dudar?
R: Ese es un problema que creo que no viene del feminismo, creo que es una exigencia que viene de fuera. Creo que el exigirnos esa pureza, que no pueda haber voces disidentes, que no pueda haber diferentes opiniones, no es algo dentro del feminismo porque el feminismo ha cambiado durante su historia. No ha sido siempre el mismo, no somos las mismas, no vivimos en las mismas realidades que vivían las mujeres del siglo XVIII. No somos lo mismo.
Esa pureza yo creo que es un nuevo caballo de Troya dentro del feminismo. No dejarnos expresarnos, no tener espacios seguros para disentir, porque en el momento en el que se expresa una opinión contraria a lo que debería de ser, ya no eres feminista o no eres buena feminista. Aquí siempre hay las buenas y las malas. ¿Quiénes son las buenas? ¿Por qué las malas son malas? Yo creo que al final lo más importante es saber que la agenda del feminismo es la que es, que es la que lucha por los derechos de las mujeres, ni más ni menos. No hay que meterse más en la exigencia de que el feminismo tenga que cubrir otra agenda. Las mujeres feministas pueden hacer lo que quieran, pueden cubrir todas las agendas, pero lo que no podemos hacer es olvidarnos de cuál es la nuestra como feministas. Luego cada una puede militar y puede luchar con las agendas que quiera, pero no se deben de mezclar. Si entiendes que el movimiento feminista debe de apropiarse o debe de integrar otra agenda, pues eso yo personalmente considero que es un error porque el feminismo tiene su agenda marcada.
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