‘Siempre la esperanza’, ‘Silencio y salud’, ‘Mi amargura’ y ‘Virgen del Valle’ fueron las marchas interpretadas por la Banda Municipal de Música de manera previa a escuchar el pregón de Semana Santa pronunciado por Mari Luna Sánchez Ruiz. Marchas elegidas por la pregonera junto a su presentador, Rafael Sánchez Ruiz, quien hizo un recorrido personal y humano de su hermana, hoy pregonera de la Semana Santa pozoalbense. Un pregón muy social porque Mari Luna Sánchez trazó una Semana Santa muy pegada a la realidad de hoy en día; un pregón donde la parte formativa de la pregonera como catequista y salesiana cooperadora quedó patente; un pregón comprometido con la Iglesia y con el Año Jubilar, que se celebra este año.
De todos esos ingredientes envolvió la pregonera a la Semana Santa pozoalbense, a la que empezó recorriendo por sus calles con una de las partes líricas a las que recurrió durante su pregón y que dotaron al mismo de ritmos diferentes. Cualquier conocedor de la Semana Mayor de Pozoblanco podría cerrar los ojos y realizar el trazado marcado por Mari Luna Sánchez, quien se rodeó o quien dio su lugar también a nombres propios que le han acompañado a lo largo de su vida cofrade. En este apartado resaltó el Martes Santo y la Virgen de Los Dolores, así como el Jueves Santo y la familia salesiana, sin olvidar un Lunes Santo que «no solo es una tradición, sino que es parte de nuestro corazón«.
Dio su lugar también a cada una de las hermandades y cofradías y, por supuesto, a sus titulares, pero Mari Luna Sánchez pregonó la historia de Jesús y reivindicó acciones coherentes. A eso dedicó mucho más espacio enlazando cada mensaje con un pasaje de la Semana Santa pozoalbense, a los que llenó también de vivencias personales. «¿Estamos obrando para que liberen al Nazareno o para que liberen a Barrabás?», preguntó ante un auditorio en el que señaló lo que hace sangrar al Medinaceli: el usurero inmobiliario, las explotaciones laborales y sexuales, las alambradas de fronteras cerradas, la discriminación a quien piensa o siente de manera diferente, «sangra por la guerra el odio y la locura».
Es solo una muestra de la carga social que tuvo un pregón que le cogió la mano al Nazareno como «cirineo de los mayores» ante una sociedad a la que pidió no olvidarse de sus mayores. Un espacio donde reivindicó, igualmente, el trabajo de quienes se dedican al cuidado de los más vulnerables. Llamó a las cofradías y hermandades a hacerse cargo de las «nuevas pobrezas» que no son económicas, sino que aluden a «los descartes, a los ancianos y enfermos». Y a esas mismas cofradías les pidió serlo de puertas abiertas, «tanto para el que se aleja como para el que se asoma por primera vez». Puertas abiertas que alejen la soledad de un mundo «cada vez más comunicado, pero cada vez más solitario» ante la dictadura de la pantalla y la realidad virtual.
Tuvo palabras también para los más jóvenes, esos que hoy en día llenan las cofradías y hermandades, y lo hizo alejando mitos y prejuicios sobre la misma reivindicando su papel como «protagonistas del cambio», poniendo en valor que «la juventud no es futuro, sino presente. Sois la esperanza de la sociedad y de las cofradías», aseguró una Mari Luna Sánchez que cerró su intervención llamando a ser «peregrinos de esperanza» en este Año Jubilar.
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